Medicamentos de alto costo: mas caros, marketineros y no siempre los mejores

  • 0

Medicamentos de alto costo: mas caros, marketineros y no siempre los mejores

Las tecnologías y los medicamentos de alto costo se han convertido en un “problema sistémico” que amenaza con arrasar con los presupuestos de las obras sociales y de la seguridad social, con el agravante que no siempre tienen una efectividad demostrada y son incentivados entre los pacientes por las campañas de marketing de la industria que, además, muchas veces han fraguado los ensayos clínicos, coincidieron especialistas en salud, durante un debate organizado por FEMEBA.

alto-costo-medic-comp

Héctor Buschiazzo, profesor de farmacología en la Universidad Nacional de La Plata, detallo que los medicamentos de alto costo (MAC) están protegidos por patentes que han “formalizado que el mercado sea monopólico y quince laboratorios concentran el 60 por ciento del mercado mundial”.

Los laboratorios en sus inversiones de I+D “apuntan a las patologías más frecuentes y rentables” y recordó que el Consejo Europeo en 2015 pidió a los Estados que “pongan un precio a estos medicamentos acorde al valor terapéutico y no al valor que exige el mercado”.

Buschiazzo explicó que los medicamentos monoclonales en Estados Unidos “cuestan 50 veces más que los medicamentos convencionales, que tienen un precio promedio de 15 dólares”.

En Argentina “el gasto en salud es de 35 por ciento, mientras que el alto costo solo representa el 5 por ciento de la prescripción, pero ese cinco por ciento equivale al 30 por ciento del presupuesto de las obras sociales”.

Buschiazzo apeló a la ecuación beneficio/riesgo y Costo/efectividad y propuso que “deberíamos aceptar solo medicamentos que garanticen desenlaces clínicos relevantes“. Por eso una de las mediciones debería ser “más sobrevida total y menos mortalidad”.

“La efectividad es más importante que la eficacia y el error en este país es que se aprueban medicamentos por su eficacia y no por su efectividad, porque hay pocos estudios de efectividad”, subrayó.

En Argentina “hay que fortalecer la farmacovigilancia”, propuso Buschiazzo.

También detalló que desde mayo 2012 se han desarrollado más de un millar de medicamentos en el mundo, de los cuales 42 son biológicos con un costo que varía de 10 mil a 100 mil dólares.

La EMA en 2013 aprobó 81 nuevos medicamentos pero al mismo tiempo admitió que “solo uno era innovador, 3 tenían ciertas ventajas con ya existentes, 14 fueron catalogados de útiles y 42 aportaban ventajas mínimas”, según la escala del organismo regulador europeo.

Entre los medicamentos más caros del mundo, Buschiazzo mencionó Galtlex para el síndrome del intestino acortado cuyo costo es de 295 mil dólares por tratamiento (4.425.000 pesos) y el monoclonal Eculizumab que cuesta 500 mil dólares anuales el tratamiento. “Y son medicamentos que no curan, solo mejoran la calidad de vida”, advirtió.

Buschiazzo estableció una comparación entre medicamentos de alto costo y “beneficios altos” como Sovaldi para la Hepatitis C, el Imatinib (Glivec) para la leucemia mieloide crónica que cuesta 51.392 pesos en su presentación de 40 mg x 30 comprimidos.

Pero también diferencias abismales entre medicamentos de alto costo que básicamente ofrecen la misma efectividad. Por ejemplo, para la leucemia linfocítica crónica un tratamiento con Fludarabina cuesta 19.746 pesos y con Alentuzumab 1.613.898 pesos.

Cetuximab para tratamientos oncológicos tiene un precio de 80.352 pesos y “solo garantiza una sobrevida de 1.2 meses y por eso fue rechazado NICE de Reino Unido“, resaltó.

También confirmó las diferencias de precios que recientemente apuntó un estudio comparativo de visitadoresmedicos.com. Por ejemplo, mencionó que Capecitabina de 500 mg en Argentina cuesta 924 dólares, apenas por debajo de Estados Unidos donde tiene el precio máximo de todo el mundo con 2.880 dólares. Pero en Canadá se consigue más barato que en Argentina a 840 dólares “y en Costa Rica a mitad de precio”, apuntó.

Esteban Lifschitz, director de la carrera de Especialista en Evaluación de Tecnologías Sanitarias de la Facultad de Medicina de la UBA, afirmó que la propuesta de “todo para todos no es necesaria ni buena” para el sistema de salud, público o privado.

“El paciente quiere todo, el prestador también porque a mas trabajo más gana, para el financiador en cambio la rentabilidad está vinculada al menor consumo. Y para la industria de prótesis o medicamentos la rentabilidad es mas consumo y en consecuencia busca la máxima rentabilidad posible”, detalló.

En Argentina, la ANMAT es “la única barrera para el mercado” y no es una garantía aseveró, citando que “hay drogas que están flojas de papeles como Nimotuzumab”.

“Usamos un montón de drogas que jamás pasaron por el sistema de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (ETS). Tenemos las drogas ‘me too’ que son una seudoinnovación, no son innovaciones”, subrayó.

Mientras la ANMAT es esa barrera débil de contención en Argentina para las drogas “me too”, “en Inglaterra las rechazan y en Brasil ponen un techo al precio”, comparó.

Mientras tanto, en Argentina “seguiremos pagando por drogas que no sirven y en ese caso no deberíamos aceptarlas ni regaladas”, reclamó.

Esteban Lifschitz precisó que del gasto en salud en Argentina el 44 por ciento corresponde a medicamentos. Gasto que entre 2005 y 2010 creció 73 por ciento y “dos a cuatro pesos tiran a la basura”.

En ese período entre 2005 y 2010 el costo de los tratamientos de cáncer de colon aumentó 320 veces y en España en 2015 el 47 por ciento del gasto estuvo destinado a veinte medicamentos, detalló.

Lifschitz mencionó ejemplos de “sobreprestaciones y subprestaciones inadecuadas en el caso de tratamientos similares, según el médico y la financiadora. En consecuencia “necesitamos herramientas que permitan alinear los intereses del paciente con el financiador y los prestadores”.

El profesional propuso en esa línea argumental “paquetes de beneficios con listas positivas o negativas, para evaluar si un medicamento mejora la sobrevida en 15 minutos o dos años”.

En ese sentido, afirmó que la ETS “es el puente entre la evidencia científica y la toma de decisiones”.

En Brasil, la agencia reguladora ANVISA entre 2009 y 2014 demostró que solo el 6,7 por ciento de los nuevos medicamentos aprobados tenían ventajas comparativas y en Europa, entre 2009 y 2014 se aprobaron 1.032 medicamentos “pero solo el 1 por ciento era realmente innovador”.

Esteban Lifschitz propuso el modelo brasileño donde ANVISA “es similar a la ANMAT, el CMED es el organismo regulador del mercado y CONITEC es la agencia evaluadora, aunque no es vinculante”.

En Argentina, la ANMAT “debe redefinir sus funciones y mejorar la calidad de sus controles”, subrayó.

Los médicos tenemos la capacidad de convertir en catastróficas enfermedades que no lo eran y en definitiva la salud financiera del sistema de salud depende de la lapicera del médico”, aseveró.

“Los médicos tienen ética cuando hay alguien marcándoles la cancha sino suelen quedar en offside“, advirtió.

En definitiva, “algo está fallando cuando Chile entre 1960 y 2010 mejoró en 22 años la expectativa de vida y en Argentina apenas 11 años”, completó.

Carlos Vasallo, economista y profesor de la Universidad Nacional del Litoral, afirmó que en Argentina “tenemos precios altos porque no supimos construir un mercado de medicamentos de genéricos, pese a que la mayoría que está en el mercado tiene la patente vencida”.

“La industria se hace un festín con la fragmentación del mercado” y “el financiador es el traidor que se deja cooptar por la industria”, enfatizó.

Los precios de Kairos o el Manual Farmacéutico no son reales“, confirmó Vasallo.

En tal sentido, comparó que “las HMO en Estados Unidos discuten los precios de los medicamentos y en Argentina a las obras sociales no les interesa discutir el precio porque no pagan más del 10 por ciento del precio de los medicamentos ambulatorios”.

Para Vasallo, las prestadoras “han arreglado con la industria y obligan a los pacientes a pagar un costo irreal”.

“No nos podemos ir del sistema de patentes pero hay que adoptar medidas contra los monopolios, porque “hay mucho margen para aplicar una política de genéricos y para competir por precios”.

En Brasil, aseveró que “el CONITEC está trabajando fuertemente en pulir el PMO para sacar lo que no es necesario”. En Argentina, un programa como Incluir Salud está “fuertemente judicializado y lo que comenzó como un programa público con pocas patologías cubre ahora muchas que antes cubría el APE”.

“Argentina ha incrementado peligrosamente su gasto privado en salud y el 72 por ciento del costo del medicamento es privado”, afirmó.

“La industria farmacéutica de Estados Unidos tuvo una rentabilidad sensiblemente superior a la media durante 20 años y también en Argentina durante 40 años los laboratorios vienen poniendo dinero en marketing y eso actúa sobre la cabeza del médico, pero también del paciente”.

Vasallo insistió que en Argentina “hay información imperfecta sobre costos, calidad, efectividad y el papel de los actores” del sistema.

También aseguró que la extensión de las patentes de 17 a 20 años le proporcionó a la industria ganancias adicionales de 175 mil millones de dólares por 109 medicamentos favorecidos entre 1995 y 2012.

“No se puede poner muchas barreras a los procesos de globalización, pero no se puede dejar de tener un plan”, propuso. A continuación mencionó que el grupo farmacéutico Insud (Elea) se benefició del trabajo asociado con el CONICET pero “los más pequeños no pueden acceder a esa asociación”.

Una alternativa sería “patentes con compensación fija, un fondo de patentes para la compra de patentes por parte de los Estados, subsidios y premios a la I+D o un acuerdo internacional sobre I+D con la contribución de los Estados según la capacidad económica de los países”, enumeró.

Hugo Catalano, profesor de Medicina Interna la Facultad de Medicina de la UBA y director del programa de Medicina Basada en Pruebas del Hospital Alemán, miembro de la Red Cochrane Iberoamericana, citó los medios especializados como Lancet, Jama y BMJ sobre el bajo porcentaje de pruebas “ciertas y comprobables” de los MAC

En tal sentido precisó que para NEJM de 147 pruebas fueron revisadas el 20 por ciento y solo el 12 % tenían criterio de validez, para JAMA 7 por ciento de 101 (13 por ciento revisadas), para Lancet 8 de 94 (11 por ciento revisada), para BMJ solo 4 por ciento de 61 (4 por ciento) para Ann Intern Med 8 por ciento de 82 (11 por ciento revisada) y para Arch Intern Med 2 por ciento con criterio de validez sobre 46 pruebas de las que revistaron el 6 por ciento.

“¿Un medicamento está probado por estudios controlados bien hechos. La FDA o la EMA dan aprobaciones confiables?”,se preguntó durante el debate organizado por FEMEBA.

Y en consecuencia propuso “revisiones sistemáticas para sostener la efectividad de los medicamentos” porque los laboratorios “han encontrado como jaquear las evidencias”.

“Las guías de prácticas clínicas son confiables, pero en realidad tenemos guías con recomendaciones fuertes pero con evidencias débiles” y citó que para la OMS “el 64 por ciento de las recomendaciones son de baja calidad y evidencia”.

El 66 por ciento de los tratamientos oncológicos aprobados por la FDA y la EMA entre 1990 y 2012 “fueron de baja calidad”, aseveró Catalano, citando bibliografía especializada.

Catalano citó a Lancet para asegurar que “nos enfrentamos con fármacos menos efectivos, más tóxicos pero más caros”.

También recomendó que “las asociaciones de pacientes deben tener cuidado por quienes son manipulados”.

Por ejemplo, mencionó que la periodista especializada Deborah Cohen del BMJ demostró que Rivaroxaban “es diez o veces más caro” que un tratamiento con el anticoagulante clásico Warfarina con resultados similares, pero la industria vende sus supuestas bondades en campañas de marketing.

Además, “la industria hizo fraude en los estudios aleatorios entre ambos medicamentos en los niveles de anticoagulante”, denunció Catalano.

El profesional propuso el sistema GRADE Working Group de evaluación de pruebas. GRADE “mira todas las evidencias y saca conclusiones beneficios/riesgo y la calidad de las evidencias”, explicó.

La aplicación de este método demostró que Ticagrerol para el síndrome coronario agudo “fue un fraude”.

Catalano pidió que se adopten “medidas para minimizar los conflictos de intereses” entre la industria y los médicos que suelen participar de los estudios clínicos y las “recomendaciones” de medicamentos.

En el Hospital Alemán la aplicación del estudio GRADE demostró que el 27 por ciento de los medicamentos que se recetaban no servían o eran innecesarios. Otro 27 por ciento era recomendable y el 46 por ciento se podían recetar pero con restricciones.

Por eso, recomendó el sistema GRADE para “sustentar con las mejores pruebas la utilización o no de medicamentos de alto costo”.

GRADE ya es referencia para NICE de Reino Unido, la Sociedad de Calidad de Estados Unidos, organismos de salud pública de Canadá y en Argentina es utilizado por el Centro de Investigación Farmacológica de la UNLP.

Fuente: IEPS


Leave a Reply

Suscripción

  1. requerido
  2. requerido
  3. (ingrese email valido)
 

En Facebook

Facebook By Weblizar Powered By Weblizar

En Twitter