Alerta en Argentina por bacterias “panresistentes”

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Alerta en Argentina por bacterias “panresistentes”

Se detectaron en un hospital este tipo de bacterias, resistentes a todos los antibióticos conocidos. Alertan acerca del mal uso de estos medicamentos. Lo advierte un artículo de la reconocida periodista científica Nora Bär.

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El viernes último, mientras la mayoría del país se disponía a disfrutar del fin de semana XL, los microbiólogos de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud Doctor Carlos G. Malbrán (Anlis) tuvieron que ponerse a trabajar: una llamada telefónica les hizo saber que por primera vez se había detectado en un hospital argentino una bacteria “panresistente” (inmune a todos los antibióticos disponibles).

Si la película de la humanidad fuera una trama borgiana, se diría que esto es una broma del autor. Ahora que aprendimos a desmontar el abecedario de la vida, logramos escuchar la “música de la gravedad” (como llamó la física cordobesa Gabriela González a las ondas gravitatorias) y concretamos proezas tecnológicas sin precedente, un cúmulo de problemas que no reconocen fronteras amenaza con convertir a la especie humana en un gigante con pies de barro: el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación, el agotamiento de recursos… Y por si todo esto fuera poco, tenemos que vérnoslas con bacterias resistentes a esas drogas que parecían “mágicas” porque nos permitieron enfrentar sin temores desde un tratamiento odontológico hasta un trasplante.

Las bacterias son los organismos más abundantes del planeta. Crecen hasta en desechos radiactivos y en la Antártida. Algunas pueden incluso sobrevivir en el espacio exterior. Se dice que en el cuerpo humano hay 10 veces más bacterias que células. La mayoría de ellas son benéficas, pero algunas pueden complicarnos la vida.

Hoy se sabe que se hacen resistentes con una efectividad pasmosa, y que luego esa resistencia se transmite a través del agua, la tierra y el aire.

“La Klebsiella (responsable de infecciones urinarias, pulmonares y de los tejidos blandos) -cuenta Fernando Pasteran, también del servicio de antimicrobianos- no sobrevive más de dos horas en superficies secas, pero puede vivir hasta 30 meses en medios húmedos, como las piletas o los codos de los tubos de desagüe de los lavatorios. Cuando bacterias resistentes se depositan allí, no se pueden eliminar ni con las cloraciones más extremas. Lo único que queda es cambiar la pileta. De allí van a las cloacas y a las napas, y hasta atraviesan las plantas de tratamiento de aguas.”

Además, están los insectos. Basta que una mosca esté expuesta unos cuantos minutos a las heces del ganado para que adquiera resistencia a los antibióticos. ¡Y puede volar hasta 125 kilómetros! Ciertas aves carroñeras, como el milano negro, pueden transportar genes de resistencia de continente a continente.

Para complicar aún más el panorama, en las tres últimas décadas no hubo desarrollo de nuevos antibióticos. “Tenemos que pensar en los antibióticos como un recurso no renovable”, subrayaron Corso y Pasteran. Más nos vale, si no queremos que la historia termine como una película de terror.

Fuente: “Gigantes con pies de barro”, Nora Bähr | La Nación


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